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Guillermo Pérez Villalta.
Nace en 1948 en Tarifa. Estudia el
bachillerato en Madrid, aunque vuelve los
veranos a su ciudad natal, en cuya
biblioteca descubre el pop y la
abstracción americana a través de
revistas como Times o Life. Malas
reproducciones de Dalí, De Chirico y
Picasso, su memoria personal y la
contemplación de imágenes y rituales de
las iglesias andaluzas, completan el
archivo inicial de su imaginario. Ingresa
en la escuela de arquitectura donde
conoce a Rafael Pérez Mínguez y a través
de él, a Carlos Franco, Javier Utray y
Carlos Alcolea . En los setenta comparte
con el grupo el interés por el
conceptual, la música pop, la psicodelia
y el espíritu iconoclasta del mayo
francés. Todos estos ingredientes más la
particular versión de formas
vanguardistas divulgadas por los objetos
y la arquitectura de los sesenta y los
setenta, cristalizan en lo que será su
pintura de estos años que mostrará en
Amadís, Buades y Vandrés .Participa en
todas las colectivas del grupo y en 1975
retrata a sus componentes, junto a
críticos y galerístas próximos, en
Personajes en un atrio. Tras la
dispersión de los primeros ochenta se
relaciona con la generación de jóvenes
que protagonizará la llamada Movida
Madrileña. En 1983 el Ministerio de
Cultura le otorga el Premio Nacional de
Bellas Artes En 1988 ingresa en la
galería Soledad Lorenzo. Todo ello
coincide con una “bajada a los
infiernos”, que se traduce en
imaginaciones sombrías, con una mayor
atención por la pintura frente al dibujo
y un incremento de las referencias a la
mitología clásica y cristiana. A finales
de los ochenta, regresa a Tarifa e inicia
un nuevo cambio marcado por un renovado
protagonismo del dibujo y la geometría,
como en sus inicios, y un interés por la
luz como elemento conformador del
espacio. Su traslado a Sevilla en 2000,
renueva su interés por el contenido
simbólico del ornamento, siempre presente
en su obra, hasta pasar a conformar
incluso la figura humana.
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